El otro día me encontraba en la biblioteca de la Universitat de Girona, la del campus universitario de Montilivi; llegué sobre las tres de la tarde, subí dispuesto a estudiar ciencias (el fantástico nuevo programa de bachillerato nos permite a todos los alumnos de todas las vías tener la obligación de estudiar esta nueva materia llamada oficialmente «Ciencias para el mundo contemporáneo»). Me establecí en una de las mesas de la parte de arriba, concretamente en la primera mesa girando a mano derecha. Después de crear una atmosfera familiar y armonizar todo a mí alrededor me puse manos a la obra.
Entre pitos y flautas eran casi las tres y veinte y sólo había abierto el libro y hojeado un par de dibujos de dobles hélices y descubierto como escribir la forma no acrónima de ADN cuando en la mesa de al lado vinieron un chico de unos dieciocho, diecinueve años con su novia, se sentaron sin demasiadas ganas y con menos ganas de empezar a hincar los codos. La chica de mirada distraída no sabía qué hacer ni cómo matar el tiempo. El chico llevaba consigo un librito, por así denominarlo, donde se podía leer en letras brillantes: «Constitución Española».
En fin, no di más importancia a este hecho y empecé a invertir mi tiempo en el estudio de los temas que salían en el examen. Hasta que por sorpresa de mi persona el chico de la mesa de al lado sacó su teléfono móvil y dijo: -«Oye, papa, soy yo» presuponiendo que su padre sabría que él era su hijo. Continuó la conversación con: -«No, no puedo hablar más alto, que estoy en la biblioteca», y luego haciendo gala a su palabra hizo uso de razón y elevo la voz unos decibelios de más causando a los pocos usuarios del primer piso de la biblioteca un desajuste de su atención y concentración. Pero por si esto no fuese poco terminó su actuación con el que para mí sería su mejor número, acabó su conversación diciendo: -«Tú, que, esto… ¿sabes qué es la democracia?». Llegados a este punto ya podemos considerar a éste joven el eslabón perdido.
Cuando alguien pregunta una cuestión tan trivial es cuando te preguntas sobre la educación y la cultura que reciben algunas personas, puesto que no saber cómo expresar un término es una cosa muy común, ya que el ser humano tiene la propiedad de comunicarse, pero no todo el mundo tiene la misma facilidad, pero que en el siglo que nos encontramos que alguien no sepa que es la democracia, me parece algo muy grave. Se podría definir la democracia como: «Un régimen de gobierno, una forma de organización mediante el sufragio universal» o como diría un niño de no más de doce años: «Que cuando eres mayor votas al presidente». Pero que una persona mayor de edad no sepa qué es la democracia en un país demócrata ya no es una falta de conocimiento sino unas ansias de desconocimiento.
En un principio me reí de la situación pero en una reflexión posterior y mientras escribo esto me doy cuenta de lo afortunado que soy y de lo decadente que puede llegar a ser la educación en este nuestro fantástico país.
En fin durante mi período en la biblioteca me enteré que dicho elemento está estudiando para policía y ya sólo me falta añadir, ¡qué Dios nos pille confesados y con democracia!